

Estuvo de moda en los
70, por lo que nosotros, nacidos precisamente en esos años, crecimos con él en las paredes, lo
pintorreajeámos con nuestra pinturas
Alpino, y seguramente lo guardamos en la retina tal y como lo vimos en las habitaciones de nuestra infancia.
Pues bien, el papel pintado como todos seguramente ya sabéis
está de nuevo de moda. Pero no son las nuevas tendencias las que inspira esta entrada, sino el hecho de que el derribo de viejos edificios en la
plaza Vega han dejado a la vista un trozo del papel que se colocó en un piso y, no es sólo celulosa de extraños dibujos geométricos lo que ahí queda; son centenares de sensaciones vitales las que han quedado impregnadas; son todas las que vivieron los que
allí moraron.
...Del llanto de un niño, ... de una canción, ... de la sintonía televisiva de una serie en los
ochenta y una discusión doméstica, ... de amores y pasiones al anochecer, ... de jóvenes que crecen y salen a las cercanas
Llanas, ... de toda una vida frente a un papel pintado y a una pared de ladrillo.
Una pared medianera que ahora sólo es ruina, pero que exhala sus últimos alientos vitales en el recuerdo que guardan los trozos desconchados y despegados de un simple papel pintado que alguien colocó en los
70- 80 para estar a la moda, y que luego le acompañó,
silente y mudo, en el devenir de su existencia. ¿Qué
habrá sido de él o ellos...?, ¿de qué color se habrá pintado su vida?, ¿con qué trazos?, ¿serán
ochenteros felices, o acaso infelices...? Sólo el papel lo sabe y guarda sus secretos inconfesables entre cemento y arcilla, aunque, quizá algún día los desvele en una triste y alejada escombrera.
