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martes, 9 de junio de 2009

¿PUNKIES EN BURGOS? ¿MITO, LEYENDA URBANA O REALIDAD...?

Habíamos conseguido aparcar nuestro flamante deportivo ochentero; el que sacamos sólo los viernes para asaltar las mejores barras de pinchos de Burgos, el que nos vio partir con aspecto de estresados semanales, que se van a desquitar de tanto trabajo a base de la excelencia en forma de tapa y de risas colectivas.


... Y así llegamos al entorno del antiguo Cosmos, muy cerca del cerrado Club de Esgrima, y a la vista de la Peña Taurina cuando, pidiendo unos Riberas y unas patatas asadas..., apareció ÉL


IMPRESIONANTE, ALTO, ORGULLOSO, PRESUMIDO, TODO DE NEGRO Y SABIÉNDOSE OBSERVADO paseaba su cresta de nueve puntas, muñequeras de pinchos en los brazos, perfectamente limpio alejado de aquel aspecto desaliñado y descuidado de sus predecesores de los 70-80 cuando él quizá ni siquiera había nacido y, por supuesto, se perdía lo más álgido del fenómeno PUNK.


Mientras degustaba una delicia culinaria, hacía proselitismo en la espalda de la camisa de su grupo musical preferido que suena así.


Y allí se quedó... Con sus nueve puntas al viento como en aquella mítica fotografía que se publicó en la prensa burgalesa en plenos 80 de un Punk mojándose la cabeza en la fuente de la Catedral. Y a mi me dio por recordar; ¿Había una verdadera presencia como tribu urbana en los 80-90 de Punkies en Burgos? ¿Tenían algún local muy definido para ellos (quizá "Don Karras" u otros eruditos puedan resolver esta pregunta)?



De alguna forma la respuesta me la dio los viejos Todomundo cedidos por Pilar Hernández Lara: Existieron ¡por supuesto!, tuvieron presencia social y sobre todo musical...



Como Kalasnikof...


...Como -Hijos del Enterrador-


...En un formidable tiempo en que sonaban cosas como éstas:




martes, 9 de septiembre de 2008

...DE PASOS QUE TODOS DIMOS. DE SENSACIONES QUE SE EVACUARON.


...Son pasos que se levantan; los de mi calle, los de nuestra calle. Los que nos llevaron a nuestro bar favorito, con nuestros inolvidables amigos "de risas", "de juerga y ligoteo", los que apresuradamente hicieron los que tenían hora para llegar a casa, los que hicimos nerviosos por encontrarnos en una barra con un chico-a, los que hicimos mientras crecimos, mientras íbamos a un concierto de "Los del Páramo", o escapábamos de una absurda pelea, los que siempre sustentaron nuestras ilusiones y anhelos de fin de semana, los que todos hicimos...

...Son pasos que se levantan grabados en adoquines. Frente al club de Esgrima, frente al Tenorio, pero luego vendrán más; vendrá toda la calle... ...Son desagües que se llevaron una lágrima por ésa ruptura, decenas de mezclas alcohólicas imposibles, el perfume recién comprado para impresionar, y las sensaciones etéreas que desprendían los días que allí pasamos...
Son pasos que se levantan ¡EN MI CALLE!, ¡EN NUESTRA CALLE!...

Y vendrán más...

domingo, 25 de mayo de 2008

EL CLUB DE ESGRIMA: SOY METÁLICO EN EL JARDÍN BOTÁNICO.



Durante los 80, y también parte de los 90, las peñas y sociedades recreativas constituyeron una opción más dentro del ocio nocturno burgalés (sobre todo a primeras horas). Ese era el caso del CLUB DE ESGRIMA ubicado en la calle San Gil. Con un concepto de bebida barata, a esta sede deportiva y cultural se entraba por un jardín que te conducia a unas escaleras por las que accedías al primer piso. Allí, su amplio espacio e innumerables mesas, facilitaban la juerga entre quinitos y tertulias. Especializados en servir mistelas, moscatel, y su celebrada Chinchivina; una mezcla explosiva de moscatel y anís que hacía, ingerida en abundancia, que muchos visitaran su jardín para tenderse un ratito al fresco. Hoy el CLUB de ESGRIMA está cerrado al público pero, como si fuera una novela de Pérez Reverte, de vez en cuando, en las noches de luna llena, se oyen duelos de espadachines entre algarabía y la oscuridad del jardín, algunos cuentan que los caballeros de metal se baten en duelo con la espada en una mano…, y un moscatel, por si fuera el último, en la otra…